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Donde has puesto tus lentes? Donde has puesto tus lentes?
by Newropeans-Magazine
2007-04-19 09:58:21
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Marzo de 2007. La canciller alemana Ángela Merkel, aprovechando su presidencia de turno de la UE, presenta una iniciativa innovadora: la elaboración de un Manual de historia común para los 27 estados miembros...

ImageA mí que no se dan bien las fracciones, comprenderán que las medias verdades no sean ni hayan sido nunca de mi gusto. Y les resultará evidente también que la última propuesta de Ángela Merkel, si bien tomándola con prudencia, me haya cautivado: es una muestra más de que la realidad, mientras más puntos de vista, más completa. De acuerdo: para saber esto, no es necesario irse a las propuestas dentro del ámbito de la Unión Europea. Pero cuando se cuestiona la existencia de una identidad europea, y se educa a nuestros jóvenes desde el punto de vista nacional, la propuesta de Merkel pasa de ser anecdótica a ser piedra angular.

Les decía que hay que tener cuidado con las teorías que se nos enseña, y es normal; supongo que cualquier rivalidad infundada no podrá causar más que recelo y escalofríos a cualquier persona que como yo haya vivido en la Europa que se despertaba de dos guerras mundiales. El monstruo del nacionalismo ya abrió la boca y nos mostró sus colmillos en las pasadas guerras: conviene estar atentos a las teorías simples que colocan a determinadas personas por encima de otras.

Si bien ejemplos de verdades sesgadas no me faltan en el viejo continente, ha sido un acontecimiento relativo a dos países de Oriente lo que me ha abierto los ojos: así es como he aprendido súbitamente el peligro que puede significar falsear la historia a favor de un estado. Tal vez cuando se ve en otros es más fácil intuir lo inadecuado de las decisiones y sus posibles consecuencias. Si gustan, vengan conmigo en este viaje en el espacio y el tiempo.

1937: Nankín, China. Es mediados de la Segunda Guerra Mundial, y la ciudad china es ocupada por el ejército japonés. Saqueos, violaciones y la muerte de miles de civiles chinos y soldados desarmados, cifrada de manera mayoritaria en 300.000, tiene lugar en Nankín a manos del ejército nipón. “Se trata del episodio más sangriento de la guerra chinojaponesa”, aprenden en China los estudiantes de secundaria. ¿Y en Japón? Ah, ésa es otra historia. En varias versiones de los manuales para secundaria publicadas ya en el nuevo milenio, apenas se menciona dicho episodio y cuando se hace, se alude a la masacre de Nankín como “incidente”. ¿Resultado? Se lo pueden imaginar… Cuando la población china conoce de dicha manipulación de la información en las aulas japonesas, la indignación es máxima. En 2005, por ejemplo, se sucedieron violentas protestas en Pekín, en las que se dañaron establecimientos comerciales y entre insultos se apedreó a ciertos consulados y la casa del embajador japonés en la capital china; se promovió el boicot de productos japoneses... En cuestión de días, aproximadamente veinte millones de chinos llegaron a firmar vía online una petición solicitando que se impidiera a Japón ocupar un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Se trata, como ven, de un ejemplo más que elocuente del encontronazo de verdades de países que han compartido historia.

¿Y en Europa? No quiero ni imaginar que en Europa se esté impartiendo la historia en versiones tan dispares – y menos aún en asuntos tan delicados como aquellos que implican muertes y víctimas-. Pero si así lo fuera, se impone el buscar una solución, una medida política. A modo de anécdota, por ejemplo, resulta curioso que estudiantes ingleses y españoles aprendan de muy distinta forma el hundimiento de la Armada Invencible, allá en el siglo xvi, pese a haber sido parte de su historia en común. Y volviendo al siglo xx, los ejemplos de divergencias no faltan: la intervención de EEUU en la posguerra, o la presencia del comunismo en los años 60 y 70 son vistos con ojos distintos en Alemania, Francia o Italia. Y así es cómo la historia de la UE se desmiembra. Pero ya hay algún motivo para alegrarnos y creer que esto cambiará. Déjenme comentarles la última iniciativa propuesta en el área educativa de la UE.

Marzo de 2007. La canciller alemana Ángela Merkel, aprovechando su presidencia de turno de la UE, presenta una iniciativa innovadora: la elaboración de un Manual de historia común para los 27 estados miembros. En breve, prevé Merkel, los estudiantes de secundaria de toda la UE dispondrán de un libro de texto en el que la historia de la UE será enseñada de manera unívoca, un manual en cuya elaboración participarán distintos historiadores nacionales a fin de presentar una versión común para todos los miembros de la UE.

¿Se trata de una propuesta compleja? Al contrario: es una idea sorprendentemente sencilla, pues proclama lo que es claro a todas luces: que la visión completa de la realidad es aquella visión que comparten las partes implicadas en los hechos, es aquella que consensúan los protagonistas de la historia compartida.

Esta propuesta muestra un asombroso parecido con otra iniciativa, adoptada fuera del plano europeo, pero que también se presentó con objeto de homogeneizar versiones contradictorias. Nos referimos al proyecto emprendido conjuntamente por China y Japón a propósito de los incidentes anteriormente mencionados (y me felicito por ello: la historia, como en mis conclusiones del artículo anterior, algo nos enseña). En noviembre del año pasado, estos dos países anunciaron un estudio de su historia común, presentando para ello 10 expertos de cada nacionalidad. Dicha visión común de la historia saldrá publicada en el 2008.

Obviamente no todo el monte es orégano y proponer ideas, por muy buenas que sean, siempre resultará bien barato. De vuelta en la UE, la cuestión que nos atañe ahora es ver cómo se concreta esta idea; será entonces cuando se demuestre la validez de la propuesta y se confirme la valía de Merkel como presidenta de la UE. Para la materialización de esta iniciativa, se me ocurren, por ejemplo, algunas cuestiones que necesitarán respuesta:

1) Hagamos un inciso en la materia de estudio del manual de historia (de Europa). Consideremos que en nuestra historia, hay acontecimientos que sólo compartirán dos (o pocos más) estados de la UE: ¿qué se hace en ese caso?¿Qué acontecimientos se identificarán como “puntos relevantes de la historia de Europa”? ¿Será necesario, debido a las distintas trayectorias recorridas por los miembros de la UE, “personalizar” la publicación del Manual de la historia de Europa, esto es, crear distintos Manuales en función de los grupos de estados miembros de la UE a los que estén destinados?

2) Pensemos ahora en la logística: si, en el caso de Japón y China, que son dos estados, se han previsto que se requerirán 10 expertos de cada país para la elaboración del estudio conjunto, en el caso de la UE, ¿serán necesarios 270 expertos? Además, hay países en la UE en los que la competencia en área educativa es de las regiones, y no de los estados miembros (España es uno de ellos). ¿Qué se hará entonces: se aprobará la decisión a nivel estatal, pero se concederá a las regiones la última palabra a la hora de implantar la enseñanza de este material en las escuelas secundarias?

3) En cuanto al concepto de “historia de Europa”, dada la naturaleza dinámica de la UE, el asunto será de compleja solución. Es decir, ¿qué quiere decir Merkel cuando cuando dice “historia de Europa”? Se refiere propiamente a “historia del continente europeo”? En ese caso, ¿qué países habrían de participar? Por el contrario, si se refiere a “historia de la UE”, habrá que especificar... ¿alude a la UE, en tanto que la conocemos hoy día?... Porque, de ser así, será necesario plantearse qué hacer con los países que quedan fuera de ésta. A fin de contar con una visión más completa de la historia, ¿se presentaría un Manual distinto cada vez que se adhiriese otro país a la UE?

Como ven, hay algunos puntos a los que deberemos prestar atención para concretar esta propuesta. Sin embargo, por sus ventajas, se trata de un proyecto al que le auguro una buena acogida. Por ejemplo, a nivel estatal, las autoridades que me representan no han tardado a dar luz verde a tal idea. Así, España, a través de Alberto Navarro, secretario de Estado para la Unión Europea, ha votado a favor del proyecto de una historia común y unívoca para los veintisiete países de la UE. ¿Cómo han reaccionado sus representantes a nivel nacional: decidieron de acuerdo sus expectativas? Al parecer, Holanda, Polonia y Reino Unido no han visto con muy buenos ojos esta propuesta, pero les invito a que intercambien sus impresiones sobre la posición de su país al respecto, será interesante.

Hay algo más: si le pronostico una buena acogida a esta medida es porque, al margen del anterior ejemplo relativo a Oriente, no es la primera vez que se defiende esta idea en el ámbito de la UE. Es decir, cuando la canciller Merkel presenta esta propuesta en marzo de este año, sólo hace oficial, y desde el foco de la presidencia rotatoria de la UE, una idea que ya cuenta con cierto colchón de soporte (se palpa así el significado de la sociedad de la información: todo lo que se desconoce, no existe). Vean, como muestra, dos antecedentes de la innovadora, pero no nueva, propuesta de Merkel.

El primer antecedente viene de mano de los propios estudiantes del Parlamento Europeo de Juventud. Ya en el 2003 los jóvenes europeos dan muestra de su iniciativa y presentan un proyecto de historia común que vendría realizado por alemanes y franceses. Dicho proyecto será muy bien recibido por Chirac y Schröeder; a mediados del 2006, saldría publicado en la editorial francesa y alemana, respectivamente, el libro de historia contrastada por expertos de ambas nacionalidades: Histoire/Geschichte: Europe and the World Since 1945 (“Historia: Europa y el Mundo desde 1945”).

El segundo botón de muestra lo aporta Newropeans, el movimiento europeo que da nombre a esta revista. En el 2006, atento a las voces de los jóvenes y a la realidad actual, Newropeans promueve, dentro de su Política de educación, la introducción de “visiones comparadas” de grandes acontecimientos históricos de Europa en los manuales de historia de las escuelas secundarias nacionales (Ver Propuesta de Newropeans de una Política europea en el campo de la Educación, punto f). Vemos así que sin ni siquiera haber llegado al Parlamento, el movimiento europeo ofrece propuestas tan pragmáticas que se implementan ya de mano de la presidenta de turno de la UE. Son razones que explicarían en buena medida el voto a favor de algunos movimientos o partidos.

El hecho de que mis representantes como europea, como española y como joven, coincidan a favor de esta iniciativa me causa cierto regocijo. Por otra parte, es lógico que adopten dicha postura, y los motivos son claros.

Primero, en lo que respecta a la materia de estudio (la historia), y por ende, en lo que respecta a la enseñanza, no cabe duda de que lo deseable será siempre ofrecer un panorama, mientras más completo y veraz, mejor, y en este punto, es innegable que un manual de historia que implica en su elaboración a expertos de distintas nacionalidades promete cierta imparcialidad o veracidad. Se barrería así todo peligro de manipulación de la información por parte de los estados (El famoso dicho “dime qué lees y te diré qué piensas” tal vez nos ilustre ya bastante para recordar que la venta de medias verdades está a la orden del día).

La segunda razón surge automáticamente de favorecer esta decisión en lo pedagógico. Si para ofrecer un panorama más completo, fomentamos más puntos de vista y con ello implicamos la participación de distintas nacionalidades dentro de la UE, estamos creando un consenso en torno a la historia de la UE, y esto tiene una implicación inmediata en su dimensión europea: la idea de la identidad europea y de la cultura europea finalmente se consolidan. Imaginemos, por el contrario, que seguimos haciendo como hasta ahora y acogemos nuestra historia común con las lentes de los estados miembros: ¿qué sentir europeo esperaremos tener? Consideren, por ejemplo, la noción de país: ¿Qué apreciación de nacionalidad española habría tenido yo si por vivir en Andalucía, Madrid, o Galicia se me hubiese recortado la visión de un acontecimiento? Al sesgar información, ¿no se estaría avivando el nacionalismo? Y esto me lleva a otra pregunta: ¿Están reñidos el patriotismo y el orgullo de pertenecer a una comunidad cultural, con una visión más completa de la realidad? De ser así, mi conclusión es clara: tal patriotismo, tal arraigo cultural... tiene poca consistencia.

A las iniciativas emprendidas hace dos décadas como el programa Erasmus, o hace menos de una década, como el proceso de Bolonia, viene a unirse, desde el mes pasado, una idea: el proyecto en pro de una Historia común de Europa. Con estas iniciativas se materializa y define, paulatinamente, el perfil del ciudadano europeo. ¿”Cómo saber a dónde vamos sin saber de dónde venimos?”, viene a preguntarnos Merkel. Y la actual presidenta de la UE nos da su respuesta. Ahora nos queda conocer el acierto o miseria de esta propuesta, y ahí ya tienen ustedes la última palabra. No duden en escribirnos sus comentarios. Gracias y un saludo.

Ana Belén Arroyo
Coordinadora de traducción de Newropeans al español
Secretaria General de Newropeans Madrid

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